domingo, 13 de mayo de 2012

En una tarde de abril.


En una tarde de abril,
no recuerdo bien el día
y el año, vagamente.

Los rumores van golpeando 
lentamente mis memorias.
Y yo solo atino a recordar 
que era uno de esos días
en el que el pequeño lago
me llamaba a sus espejos.

Uno como tantos días,
donde yo andaba sin andar,
caminando sin sentido...

Tantas veces me miré 
en sus aguas, sus corrientes...
mas al hacerlo en esta ocasión,
en sus profundidades,
solo vislumbré a un extraño
ya sin vida en sus ojos,
de mirada perdida,
de sentidos extraviados
sobre un cuerpo cansado,
y un cabello marchito.

“Pronto estaré en edad
de jubilarme de esta vida”
—comprendí.

Miro a mis espaldas
el correr de los años pasados,
el reflejo de todo aquello
que no logré concluir.
Todas las personas
que en mis memorias
han sido enterradas
y en sus profundidades:
mueren.

¡Asesino! A esto he llegado:
he perdido sus recuerdos,
he matado todos mis sueños...

Y aun cuando ya no me reconocía,
no pregunté de quién
se trataba, pues la respuesta,
a sabiendas, conocía.

© Marco A. Ramírez A.
De mi obra: Cuando habla el corazón
No. de registro: 03-2015-052510340800-14
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