jueves, 24 de mayo de 2012

Encuentro.



Aún no ha salido el sol,
remembranzas de tu amor
brotan a punta de mi interior.

Y mis ojos ya te buscan,
mis sentidos te reclaman...
Se enredan entre la higuera
los recuerdos que hoy se niegan
a doblegar su legado.

Con mis ansias te recorro,
de principio a fin,
cual río que no deja
ninguna parte seca...

Con la humedad de mis ganas,
sobre tu cuerpo voy trazando
el relieve que descubre
el horizonte en tus sentidos.

Y estas manos impacientes
van bajando por tu pelo,
por tu cara y tu pecho.

Me detengo en tus senos
y los muerdo y acaricio
y los rozo con cariño:
con mis labios bebo de ellos
el elixir de la vida...

Te tomo de la cintura,
aleando nuestros cuerpos
y mis labios a los tuyos,
en un largo y dulce beso.

Te recuesto en la cama:
la mirada se me pierde 
en tus ojos de amapola,
y mi tacto hace escala
en tu vientre de algodón.

Mis manos que finalmente
han llegado hasta la puerta
que separa a tu carne 
de lo etéreo y tu alma.

Vas sintiendo en tus entrañas
esa inmensa excitación
y me pides no detenga
nuestros cuerpos impacientes.

Hoy de tu inocencia
ha surgido una mujer...


© Marco A. Ramírez A.
De mi obra: Cuando habla el corazón
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Todos los derechos reservados.
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domingo, 13 de mayo de 2012

En una tarde de abril.


En una tarde de abril,
no recuerdo bien el día
y el año, vagamente.

Los rumores van golpeando 
lentamente mis memorias.
Y yo solo atino a recordar 
que era uno de esos días
en el que el pequeño lago
me llamaba a sus espejos.

Uno como tantos días,
donde yo andaba sin andar,
caminando sin sentido...

Tantas veces me miré 
en sus aguas, sus corrientes...
mas al hacerlo en esta ocasión,
en sus profundidades,
solo vislumbré a un extraño
ya sin vida en sus ojos,
de mirada perdida,
de sentidos extraviados
sobre un cuerpo cansado,
y un cabello marchito.

“Pronto estaré en edad
de jubilarme de esta vida”
—comprendí.

Miro a mis espaldas
el correr de los años pasados,
el reflejo de todo aquello
que no logré concluir.
Todas las personas
que en mis memorias
han sido enterradas
y en sus profundidades:
mueren.

¡Asesino! A esto he llegado:
he perdido sus recuerdos,
he matado todos mis sueños...

Y aun cuando ya no me reconocía,
no pregunté de quién
se trataba, pues la respuesta,
a sabiendas, conocía.

© Marco A. Ramírez A.
De mi obra: Cuando habla el corazón
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