viernes, 30 de septiembre de 2011

Ausente.


Cada noche en que la siento ausente mi corazón derrama lágrimas de sangre, y mi alma pregunta dónde está ahora. 
La voz se me quiebra al no poderle responder y solo atino a decirle que algún día ella regresará...

Y extrañando su recuerdo, anhelando sus caricias es de esta manera que sucumben una, dos, tres... noches. 
Y con su  ausencia en mi cuerpo, el sabor de sus besos en mis labios, el recuerdo de su aroma en mi piel y un dolor atenuante que palpitando en mi ser se siente invencible: me sorprende la mañana.

Cuando salgo al mundo disimulo ser feliz, intento caminar, continuar sin mirar atrás aun cuando por dentro sé que yo ya estoy roto, que soy solo un despojo de lo que solía ser… 
Va pasando el tiempo, y así de pronto, sin notarlo, ya la estoy imaginando y al hacerlo de mis ojos brota una lágrima y una más y otra... y así hasta que ya le he llorado un río entero.

Cada vez que miro al cielo en las nubes yo la pinto, en las nubes la imagino… hasta que envejecen mis días y así extrañándola, deseándola, amándola... llega la noche una vez más y todo vuelve a comenzar…



© Marco A. Ramírez A.
De mi obra: El silencio de mi voz.
No. de registro: 03-2011-112212335300-14
Todos los derechos reservados.

2 comentarios:

Destino dijo...

Wooo magnifico

Destino dijo...

Magnifico woooo jeje algo parecido a lo que escribi una vez saludos