sábado, 30 de octubre de 2010

Promesa de un caballero.



“Fue una noche estrellada
cuando ella llegó
robándome el corazón,
donde todo comenzó...”

“Esas noches en que tus cabellos bañan a la oscuridad infinita, esas mañanas cuando la radiante alborada nace a través de tu mirada y cuando tu dulce sonrisa se posa en mi ventana... trayendo consigo todo lo bueno de la vida cual regalo divino de gran hermosura y sutileza que alimenta mi alma y me da esa única felicidad que solo tú, mi dulce Princesa, eres capaz de crear.”

Me detengo un momento, el corazón se me acelera, las emociones llegan y se anidan en mi cuerpo... es verdad ¡la amo, cómo la amo... la quiero, cómo la quiero...!

“Jamás ha habido mujer más digna que tú, a quien hoy mis alabanzas dedico... y sépase que de cuantas batallas fuesen necesarias para defenderte y honrarte en las que fuese menester me batiría... yo... quien soy el portador de tu más grande devoción, incansable defensor de tu belleza, delicadeza y esperanza; un celoso protector de mi dama, a quien jamás pude pensar más bella... no hay nadie como tú, mi Princesa, tú mi delicada flor de piel tisú, a quien hoy mi adoración eterna yo os doy... ¡Mi espada, mi ser, mi vida entera, mi amor infinito hoy te entrego!”

Miro al cielo estrellado, los astros resplandecientes, a lo lejos, me recuerdan a tus ojos; el vasto universo será nuestra cama donde crearemos tantas historias de amor, donde nos fundiremos en un solo ser... el Sol se encelará de nosotros y la Luna será testigo de nuestro amor...

“Yo voy a ser aquel
que dibuje en tu piel
huellas de amor,
quien borre de tu cuerpo
cicatrices de dolor,
voy a ser pasión
que invada el corazón,
ser tu abrigo en el invierno,
ser la luz en tu camino,
voy a ser aquel...
que en las noches te amará
del principio al final,
ser tu amante fiel,
quien jamás te dejará...”



© Marco A. Ramírez A.
De mi obra: Escritos, poemas y versos.
No. de registro: 03-2011-020810375700-01
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